INTRODUCCIÓN

 

La tarea de mi vida ha sido estudiar la Palabra de Dios y escribir sermones y estudios basándome en ella, comunicando lo que sea que hubiera encontrado. Habiendo leído la Biblia casi diariamente durante los últimos treinta y cinco años, a menudo me asombro de lo maravillosa que es. No puedo pensar en ningún otro libro que provoque un asombro y maravilla tal en mí. Aunque me han gustado muchos libros, no ha habido ninguno que haya mantenido mi interés como la Biblia. Para mí, cuando me refiero a ella como la “Palabra de Dios”, es porque creo firmemente que es justo eso. Ningún otro libro puede hacer lo que ella hace, transformando y ennobleciendo vidas. Es el Libro de los libros. Así que tengo un profundo sentimiento de privilegio, maravillándome que el Señor me haya permitido estudiarla, manejarla y compartirla con los demás como mi tarea en la vida.

 

Siendo verdad que todos serán juzgados por cada palabra necia que hablen (Mateo 12:36), Santiago escribió que los maestros de la Biblia serán juzgados más estrictamente que cualquier otro (Santiago 3:1). Aquellos que enseñan de la Palabra de Dios tendrán que estar delante de Jesús y rendir cuentas por cada palabra que hayan dicho, cada versículo que hayan citado y cada sermón que hayan compartido. Debemos ser juzgados a un nivel más alto, aunque solo sea por el privilegio de poder manejar la Palabra de Dios. Llevamos una gran responsabilidad. ¿Quién más en nuestra sociedad puede tener el mismo efecto en el destino eterno de las personas a través de sus palabras dichas y escritas?

 

Me siento como el viejo predicador que exclamó, “Creo que esto es la Palabra de Dios desde Génesis hasta los mapas”. La Biblia es verdad, ¡de tapa a tapa! Sin embargo, estas verdades tienen que dividirse o desmenuzarse. Deberían ser más manejables para ofrecérselas a las personas en cantidades lo suficientemente pequeñas como para que las alimente espiritualmente. Todo esto se tiene que hacer con integridad. El apóstol Pablo subrayó este punto cuando instruyó:

 

Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.(2 Timoteo 2:14-16)

 

“Debemos ser juzgados a un

nivel más alto, aunque solo sea

por el privilegio de poder manejar

la Palabra de Dios”.

 

Manejar la Palabra de Dios es un privilegio solemne. Manejarla bien y con integridad ha sido la búsqueda de mi vida. Aprendamos a dividir correctamente la Palabra de Verdad con honor e integridad para que podamos estar delante de Jesús sin vergüenza.

Con toda bendición, Penn Clark

 

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